Un escritor italiano decía que las crisis se dan cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. En Puerto Rico llevamos tanto tiempo en crisis que se nos olvida que las cosas pudieran mejorar. Parecería que, en los pasados veinte años en Puerto Rico, la historia ha adelantado poco. Sin embargo, este año, a pesar de la insistencia del viejo orden, lo nuevo ha dado pasos adelantados para finalmente nacer.

Comenzamos el año con los comentaristas políticos y los voceros de los partidos tradicionales anunciando de manera despectiva que la existencia de la cooperación entre dos fuerzas políticas distintas y hasta recientemente opuestas era imposible. Decían que la alianza entre el PIP y el MVC sería imposible por las diferencias y el interés propio de las figuras que lo componen. A estos representantes del bipartidismo se les hacía difícil de entender que hay fuerzas políticas que tenemos el desprendimiento de ceder ante otra institución política aliada y hacer sacrificios por el bien del país.

Dentro de poco, se hizo evidente de que tanto el MVC y el PIP tendríamos la disposición de entrar en una alianza para rescatar al país del bipartidismo, la corrupción y el coloniaje. El PPD y el PNP optaron inicialmente por la vía legal para impedir que exista esta la alianza, la prohibieron en la legislatura, se negaron a enmendar la ley para permitir las candidaturas coaligadas, y su sistema judicial avaló la prohibición de las candidaturas coaligadas.

A pesar de las trabas impuestas por el bipartidismo, el año cerró con el anuncio esperanzador de que la alianza entre el MVC y el PIP será posible. Ante la inevitabilidad de la alianza, esos mismos comentaristas políticos han desplegado discursos de miedo y odio cómo un último intento para detener las fuerzas de estas. Su discurso de la guerra fría está igual de anticuado que los partidos que representan.

Este año, en Puerto Rico, después de décadas de estancamiento económico, político y social, parecería que finalmente se avecina una fuerza política con la capacidad de ponerle fin al viejo orden. Esperemos que en el próximo año ese anhelo colectivo cobre fuerzas y logre triunfar en las futuras elecciones.