La desafiliación del alcalde de San Sebastián, Javier Jiménez, del Partido Nuevo Progresista y su eventual ingreso al Proyecto Dignidad no debería sorprender a nadie. Tampoco sorprende el anuncio del reto de la Comisionada Residente Jennifer González al Gobernador Pedro Pierluisi por la candidatura a la gobernación del mismo partido. La intensificación de las luchas internas del PNP, son parte de un proceso más amplio de realineamiento de las fuerzas políticas en Puerto Rico que comenzó en 2016. En aquellos comicios las candidaturas independientes de Alexandra Lúgaro y Manuel Cidre asestaron un duro golpe a la hegemonía bipartita del “PNPPD”. Los votos de estos candidatos advenedizos representaron casi el 17% del total (11.1% Lúgaro y 5.7% Cidre). Esta fue la primera gran expresión de desafección masiva entre el electorado y la partidocracia. El Partido Independentista Puertorriqueño obtuvo entonces sólo 2.1% de los votos.

Para la elección de 2020 las fuerzas del descontento se organizaron en dos organizaciones nuevas: el Proyecto Dignidad y el Movimiento Victoria Ciudadana. Es interesante notar que ambas organizaciones no usaron el nombre de “Partido”—cualquier cosa menos ese desprestigiado apelativo. Se trató de un ataque a la “partidocracia” o el bipartidismo cerrado de los partidos que alternaron los espacios del poder desde 1968 y que llevaron al país a la quiebra fiscal y el colapso social, político y económico en 2015.

En 2020 la coalición conservadora que apoyó a Cidre se rearticuló en el PD—un partido conservador de valores y principios centrados en la familia, las libertades individuales y el fundamentalismo cristiano (tanto católico como evangélico). Por su parte la coalición “soberanista” y socialmente progresista (pro-derechos de las mujeres, las minorías sexuales, etc.) que apoyó a Lúgaro se aglutinó en el MVC. Este movimiento fue el producto de intentos fallidos de atraer a votantes desafectos y desafiliados a partidos y movimientos electorales que nunca obtuvieron apoyo significativo—Puertorriqueños por Puerto Rico, Partido Puertorriqueño de los Trabajadores, Movimiento Unión Soberanista. El PIP, por su parte, cambió su imagen y su discurso monotemático sobre el estatus con la candidatura de Juan Dalmau y la propuesta recogida en la consigna “Patria Nueva”.

Para quienes creen que la expulsión de Ricardo Rosselló tuvo un impacto menor y temporero, la elección de 2020 fue una refutación contundente. La partidocracia PNPPD redujo su porción de electores de 81% en 2016 a 64.4% en 2020. Los partidos emergentes y el PIP obtuvieron el 34.9%. La protesta que desató el Chat de Ricardo Rosselló y su claque movilizó el voto joven alrededor de Alexandra Lúgaro (MVC) y Juan Dalmau (PIP) y generó un desprendimiento permanente en el ala más conservadora del PNP dando paso al PD (ver gráfica).

Reitero lo que he dicho antes: Alexandra Lúgaro pasará a la historia como la “bola de demolición” de la partidocracia PNPPD. No obstante, la desafiliación del alcalde Javier Jiménez y su afiliación al PD, y el reto de la comisionada Jenniffer González al gobernador Pierluisi pueden ser el golpe de gracia a la desgracia bipartita que hemos vivido desde 1968. Si se logra la alianza PIP/MVC, es probable que cambie sustancialmente el panorama político de medio siglo. Los conflictos y vacíos de poder del PNP y el PPD, reducirán significativamente el poder de convocatoria y movilización de estas organizaciones y el poder se repartirá entre cuatro partidos. La lucha de los inversionistas políticos y los políticos corruptos se intensificará. El realineamiento político y la transformación de la política puertorriqueña se perfilan como procesos complicados, conflictivos y dolorosos. Si Alexandra Lúgaro fue la bola de demolición de la partidocracia, el alcalde y la comisionada, parece que serán los martillos hidráulicos que picarán en pedazos sus ruinas.

Fuente: Datos de la Comisión Estatal de Elecciones