Barbie: tan querida por unos como rechazada por otros.

Como en la película de Barbie, cada una de nosotras busca ser mejor por fuera y por dentro. Ser mejor, que no es igual a ser “perfecta”; pero ese es otro tema. Como Barbie, cada una puede ser quien quiera, dentro de sus capacidades. Y como Barbie, cada una tiene su propia historia para lograr sus metas.

Barbie, la real, también enfrentó la adversidad. No, no todo en su vida fue color de Barbie. De lo que se sabe, desde joven lidió con el “acoso” de quienes pensaban que su físico había inspirado el de la muñeca, así como con las dificultades legales y la enfermedad de su madre, Ruth.

En cuanto a Ruth, al margen de sus problemas empresariales y legales, por los cuales rindió cuentas, pocos destacan que fue una visionaria en cuanto a emprendimiento y superación ante la adversidad. Ruth rompió esquemas acerca del rol de la mujer en los negocios. Demostró que ser mujer no es una limitación.

Adelantada a su época, trajo al mundo una muñeca de pechos “perfectos”, los cuales tuvo que defender de los prejuicios de la época. Poco imaginaba entonces que, eventualmente, los senos que quedaron en juego fueron los suyos al ser diagnosticada de cáncer de seno. Corría su quinta década de vida y aún en esa crisis supo ver la oportunidad. Así, le enseñó a Barbie y al mundo que incluso en las circunstancias más desafiantes es posible mantener una actitud positiva, estar motivada y crear.

Fue este diagnóstico el que la llevó por un camino distinto al del entretenimiento infantil: su enfoque se dirigió a las adultas. Más que con palabras, ejemplificó que todas, independientemente de la edad y de las dificultades en el camino, podemos ser quienes deseemos ser. Entonces creó una de las primeras prótesis de seno, importantes en la recuperación de la salud mental de aquellas afectadas por la enfermedad. No creo que no haya sentido miedo; el miedo es una emoción natural ante eventos o circunstancias que amenazan la supervivencia, como lo es el cáncer.

Ignoro cómo estas circunstancias moldearon la personalidad de su Barbie, pero si la personalidad es el resultado de la genética y las experiencias que vivimos, no tengo duda del valioso legado que Ruth dejó a través de sus acciones. Si Barbie amplió la idea de que se podía jugar a otras cosas que no fuera a “ser mamá”, Ruth inspiró a las mujeres a atreverse, a no rendirse, a innovar, incluso en las circunstancias más intimidantes.

Tanto si eres paciente de cáncer como si no, te invito a que aún en medio de la tormenta, recuerdes que es normal sentir miedo, pero, ojo, no te abraces a él. Edúcate, pregunta, lee y enfócate en buscar soluciones. ¿Quién sabe? Quizá lo que te ayude a ti pueda ayudar a otras personas en tu misma situación, tal como lo hizo la madre de Barbie.

Dicho esto, creo que de ¿Barbie-Ruth? todas tenemos un poco. ¡Te abrazo!

La autora es licenciada en psicología. Si deseas más información, comunícate al (787) 612-2836.

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