Una masacre por narcotráfico en el negocio de un político convicto por corrupción que por su cooperación ha podido tener una vida igual o “mejor” de la que tenía como alcalde. ¡Qué clase de escena! Si no fuera un evento real reciente, muy bien pudiera ser una de las exhibiciones del artista plástico puertorriqueño Pepón Osorio de las que hemos visto en el Museo de Arte de Puerto Rico.

En este evento de antenoche en el negocio vinculado al ex alcalde de Cataño, Félix “El Cano” Delgado, “La casita del árbol”, en el barrio Campanilla de Toa Baja, murieron cinco personas y hasta anoche tres permanecían heridas de cuidado, siendo una de estas el hermano del expolítico. La policía confirmo ayer en nuestro programa “Primera Pregunta” que Delgado es ‘persona de interés’ (el eufemismo oficialista que hemos adoptado malamente en los medios en vez de llamarlos ‘sospechosos’) en el caso, y que la balacera ocurrió por el trasiego de drogas o venganza por muertes asociadas a ese negocio ilegal. La policía reconoce que cercano al negocio operan varios puntos de droga que pudieran ser parte de la disputa.

Como ven, tenemos en esta escena un resumen de dos de nuestros problemas sociales más profundos: la corrupción y el narcotráfico a gran escala. Pero detrás de esos problemas, otro grande que no combate la situación de fondo: la impunidad.

¿Qué mensaje envía esta escena a quienes están más susceptibles de entrar al mundo de la ilegalidad? Por un lado, 24 horas después de la masacre, a pesar de haber sido un evento ante mucha gente y con víctimas de la balacera aun vivas que pudieran ser interrogados, nadie había sido arrestado al momento que escribo esta columna. Por el otro lado, vemos un político que aceptó haber sido corrupto y por el hecho de que luego se dedicó a “chotear” a sus panas (cosa que el narcotráfico se paga caro by the way), anda de fiesta en fiesta, exhibiendo la opulencia que aún conserva, moviéndose entre negocios con el tumbao al estilo “padrino”, viendo a sus exsocios ser sentenciados a prisión y gozándose la vida en el Caribe.

Los abogados defensores, jueces y fiscales dirán que así es el sistema y que los cooperadores tienen que ser premiados pues le facilitan al gobierno capturar otros criminales. Eso es cierto. ¿Pero qué hay del mensaje que se envía a la sociedad? ¿No es contradictorio imponer sentencias que sean ejemplificantes y que envíen mensajes al público si a otros corruptos se les otorga el premio gordo de la lotería?

Este tipo de trato con los cooperadores no es nuevo. Lo he visto con decenas de individuos, pero ninguno había sido tan burdo en su exhibicionismo como El Cano Delgado. Ese exhibicionismo denota indiferencia y menosprecio con la sociedad. Haber estado antenoche en medio de la masacre en la que su hermano resultó herido, sin adjudicar asociación alguna con los matones o demás víctimas, complica la cosa.

Tomemos esta escena del barrio Campanillas como una referencia para evaluar los problemas más graves que tenemos y encontrar sus soluciones, en la comunidad y en el sistema.

¿Qué creen?

La pregunta es, ¿cuánto nos costarán y quién pagará por ellos?

Los errores se subsanan de distintas formas, con dinero en el ámbito judicial, con remedios diversos en otros escenarios y si se trata de un error peligroso, puede costar la vida.

Hablemos del error que a todas luces cometió la Comisión Estatal de Elecciones (CEE) en el caso de Eliezer Molina, quien fuera descertificado esta semana para correr por un escaño senatorial por acumulación de manera independiente. Ambas partes, entiéndase CEE y Molina, han dado versiones confusas y contradictorias en el desarrollo de esta controversia. Pero independientemente de ello, lo cierto es que a Molina la CEE le permitió recoger endosos, proceso que solo se activa si la CEE autoriza, habiéndose cumplido con la entrega de documentos o al menos evidencia de que los mismos estaban tramitados al 2 de enero pasado.

Evidentemente alguien en la oficina del secretario de la CEE cometió un error. Le permitieron recoger endosos sin aparentemente cumplir con los primeros requisitos. Pero ya sea deliberado o involuntario, ese error no debe repercutir en contra del ciudadano sino de la parte con el poder casi absoluto aquí, el Estado. Creo que eventualmente, ya sea por una resolución judicial o reconsideración de la CEE, a Eliezer Molina se le debe permitir correr pues ya hizo el ejercicio de mostrar simpatía hacia su candidatura de un grupo de electores en un proceso legitimado por el gobierno. A nivel gerencial, la CEE remediar el error con las acciones que entienda a nivel de personal o procesal.

En el caso de la demanda en contra del Movimiento de Victoria Ciudadana (MVC) y Proyecto Dignidad (PD) el escenario pudiera ser distinto. Aquí se plantea que ambos partidos cometieron un error procesal al no someter al recogido de endosos a los candidatos que no fueron certificados como “únicos” al 2 de enero, es decir que tienen otro u otros contendores para la misma plaza electiva. Y es que el MVC y PD no ejecutaron su método alterno a la primaria antes del 2 de enero como hizo el PIP que hoy no enfrenta tal cuestionamiento. Al haber pautado su proceso alterno posterior a la fecha fatal de radicación de candidaturas, entienden desde los partidos de mayoría, que esos candidatos con contendores en un mismo puesto tenían que cumplir con los procesos que aplican a los demás, que van a las primarias del 2 de junio. Este caso no luce tan claro como el de Eliezer Molina y parecen haber varias interpretaciones de lo que dice la Ley Electoral y el reglamento que la rige.

En este caso creo que, si eventualmente el poder judicial les adjudica la razón a los demandantes, por tratarse de uno procesal de los aspirantes demandados, el error podría tener que pagarlo esos ciudadanos con sus candidaturas, es decir quedando fuera de la contienda. Sin embargo, ello es remediable con procesos políticos internos de los partidos en cuestión. Es decir, la ley permite que, si un candidato ya certificado retira su aspiración, el partido puede llenar esa vacante. En este caso, los candidatos “de agua” pudieran ser sustituidos en muchos casos por los que oficialmente respalda la Alianza ante el electorado. Por ejemplo, entrando Ana Irma Rivera Lassen bajo la insignia del PIP en sustitución del médico de Aguas Buenas que figurará en la papeleta sin intención alguna de ocupar el cargo. La Alianza no se trastocaría en otras áreas y tendrían los candidatos que quieren. La pregunta es, ¿lo harían?

Los errores ante nosotros son peligrosos, atentan contra nuestros procesos democráticos y laceran la confianza en nuestros procesos electorales. Es cuestión de días o semanas ver como se atienden los errores ante nosotros. ¿Qué usted cree?

Hoy al mediodía vence el período para que los aspirantes a puestos electivos, ya sea para las primarias del 2 de junio o las elecciones generales de noviembre, presenten la mitad de los endosos que requiere la ley para continuar en el proceso ante la Comisión Estatal de Elecciones. Algunos seguirán su carrera electoral, otros se quedarán sin gasolina y esta tarde tendrán que despedirse de sus intenciones políticas.

Desde pequeños nos han dicho que para aspirar a un puesto político en Puerto Rico nuestra Constitución solo hace exigencias mínimas, leer y escribir español o inglés, ser residente de la isla dos años antes de la elección, ciudadano estadounidense y un requisito de edad especifico dependiendo el cargo.

Pero como ocurre con todas las disposiciones constitucionales, las leyes y reglamentos que se han aprobado luego establecen requisitos adicionales que se supone no choquen con la ley suprema. En el caso de las candidaturas a puestos electivos, esos requisitos legales y reglamentarios son hoy motivo de discusión.

Algunos dicen que el proceso es oneroso para muchos aspirantes e imposibles para otros, lo que ha provocado que se cuestione si el mismo debe reformarse para que esté más accesible al de a pie y sea más consistente con las pretensiones de los padres de la Constitución. Otros plantean que aspirar a un puesto electivo no debe ser absolutamente abierto, sin requisitos razonables, pues la democracia cuesta dinero en lo que tiene que ver con la organización de un evento electoral.

Creo que ambas partes pueden tener algo de razón y no estaría demás revisitar el tema a la luz del surgimiento, cada vez más, de candidaturas no vinculadas a los partidos políticos, sean los tradicionales o los emergentes. Opino que cual sea el resultado de ese análisis, aspirar a un puesto electivo no debe ser un boleto gratis. Un aspirante debe mostrar cierto apoyo a sus ideas y causas de forma tal que el Estado, a través de la Comisión Estatal de Elecciones, esté hábil para activar un proceso a su favor, postulándolo ante el pueblo en una elección general.

Entiendo además que poco se ha orientado sobre los endosos. ¿Qué significa endosar a un aspirante? ¿puedo endosar a más de uno? Todas esas preguntas mucha gente se las hace aún.

Endosar a un aspirante no significa que votarás por él o ella, significa que respaldas su intención de insertarse en una carrera electoral. Y sí, puedes endosar a más de un aspirante siempre a tono con lo que puedes hacer en las urnas el día de las elecciones.

Los procesos político-electorales en manos del gobierno deben ser lo más abiertos y accesibles posible, pero razonables.

Hoy al mediodía se quedarán muchos sin gasolina y tendrán que despedirse de su carrera política. Quizás gente que valía la pena. Otros que no y entrarán fácil al proceso. Lo hemos dicho antes, muchos de estos filtros, incluyendo el primero que surge internamente en los partidos, son imperfectos. En lo que atendemos cualquier disloque, si se atiende, queda del elector ser responsable cuando le toque votar.

La salida de Enrique Meléndez de la contienda primarista en el PNP por la candidatura a Washington supone un nuevo juego para los precandidatos a la gobernación. Ahora la lucha es de dos dupletas, Pierluisi/Villafañe y González/Román.

Este nuevo panorama hará que ambas campañas redefinan sus estrategias y, en ese proceso, se hagan varias preguntas: ¿debe mi candidato o candidata a la gobernación agarrar de la mano al aspirante a Washington en la campaña? ¿debemos dejarlo por la libre y que se resuelva? ¿Fortalece alguno de ellos al candidato o candidata a la gobernación?

Creo que ninguno de los dos precandidatos a Washington en el PNP fortalece o debilita a su aspirante predilecto a la gobernación. Es decir, son inconsecuentes en la carrera primarista por la silla en La Fortaleza. Villafañe tiene más reconocimiento en la calle que Elmer Román y eso le pone al frente, por definición, en una elección interna donde participa el llamado corazón del rollo del partido. Por lo tanto, Pierluisi se podría dar el lujo de pasearse con Villafañe sin miedo a perder votos. Creo que el reto está en el lado de Jenniffer González y sus estrategas. Lamentablemente para Elmer Román, a quien fueron a sacar de una oficina en el Pentágono para incursionar en este mundo electoral boricua, no sería extraño ver a González haciendo campaña de manera más independiente a su compañero preferido para Washington e insinuando que “puedo trabajar también con Villafañe” quien a fin de cuentas es republicano como ella. Eso dice el “librito” de estrategias que no necesariamente es el más cortés para los políticos en desventaja. Y es que Jenniffer en algún momento tendrá que invitar a los penepés, al ver potencialmente a Villafañe al frente en la carrera, cruzar líneas en la papeleta y votar por ella al mismo tiempo.

Y esto no es nuevo en nuestra política. Repasemos un poco de la historia reciente.

Para las elecciones del 1992, Pedro Rosselló parecía haber escogido a Carlos Romero Barceló para Washington y luego cambio de opinión. Aprovechando una ausencia de Romero en la isla, presentó a Zaida “Cucusa” Hernández (a quien luego premió con la presidencia de la Cámara de Representantes) como su compañera de papeleta porque era la que más le fortalecía en su carrera a la gobernación. Romero se impuso y fue el candidato, pero la fortaleza electoral de Rosselló no fue herida por ese capítulo en su carrera.

Para las elecciones del 2000, Sila Calderón respaldó a Aníbal Acevedo Vila como compañero para Washington por encima del hijo de su otrora jefe Rafael Hernández Colón, José Alfredo Hernández Mayoral, hoy padre del candidato a Comisionado Residente del PPD. Calderón llegó a advertirle a los populares, asumiendo un riesgo altísimo, que si no ganaba Acevedo reconsideraría su aspiración a La Fortaleza. Acevedo se impuso en la primaria y la historia habla por si sola.

En el 2004, Acevedo Vilá se postuló para La Fortaleza y presentó como aspirante a Washington al fenecido y entonces banquero Alfredo Salazar. Salazar era un candidato con poco ímpetu político y perdió ante Luis Fortuño quien en el 2008 se convirtió en Gobernador. Fortuño tuvo como compañero de papeleta a Pedro Pierluisi, hoy gobernador.

Para las elecciones del 2012, Alejandro García Padilla tuvo como compañero de papeleta al profesor universitario y abogado Rafael Cox Alomar, luego de eventos personales que empañaron la carrera del fenecido exlegislador Héctor Ferrer quien fue el primer escogido para esa candidatura. García Padilla, ante un candidato que no tenía un factor reconocimiento inmenso y su discurso lucía elevado contrario al suyo, exhibió una campaña enfocada en su persona.

Es decir, la historia está llena de ejemplos de cómo candidatos ayudan, desayudan o son inconsecuentes a lo que es la candidatura principal en unas elecciones, que es la de la gobernación.

En el PNP estamos ante un panorama que se pudiera comparar con alguno de los anteriores. ¿Cómo se comportarán los aspirantes y electorado? Ya veremos.

Desde afuera se pudiera ver feo, pero la realidad adentro es otra. Hablo del, para muchos insólito, avance de Donald Trump en su carrera para retomar la presidencia de los Estados Unidos, no importa que.

Nos preguntamos desde afuera, ¿Cómo es posible que ese individuo, tildado por muchos como irrespetuoso, xenofóbico, machista y corrupto tenga la osadía de volver a tirarse? Peor aún, ¿Cómo es posible que haya electores dispuestos a votar por él? Y, mucho peor, ¿Cómo es posible que la mayoría del electorado estadounidense esté dispuesto a llamarlo a volver a la Casa Blanca en las próximas elecciones presidenciales?

Desde afuera parece no parece coherente el curso que toma la política norteamericana. Pero creo que, para entenderlo, hay que verlo desde otra óptica. Mi conclusión es la siguiente, los estadounidenses están hoy más nacionalistas que nunca en su historia y no hay nadie en la clase política del norte, como Trump, que les toque la música que quieren escuchar.

Los estadounidenses quieren que su economía nacional crezca, que se les defienda a ellos sobre el extranjero, que acabe la política de oportunidades amplias a los de afuera, que se defienda el producto local, la manufactura del patio y que vuelvan a sentirse superiores al resto de la humanidad. Si lo miramos así, olvidándonos de la locura del personaje que encabeza ese discurso y sus exabruptos ajenos a la política, parecería entendible pues no parece haber otro que lo iguale o sea efectivo promoviendo esos postulados. Si lo miramos así, estoy seguro que hasta muchos de aquí añorarían un político con ese discurso.

Sin embargo, lo que ocurre con Trump, la persona, es una locura. Pero ese respaldo masivo que comenzamos a ver antenoche en el caucus Iowa es igual de entendible. El nivel de intelecto y escolaridad promedio en muchas regiones altamente pobladas de los Estados Unidos sigue siendo alarmante.

Ahora bien, ¿dónde quedamos nosotros en Puerto Rico en ese universo político de los Estados Unidos?

Suele decirse que cuando en Washington estornudan, aquí nos da catarro. Y así ha sido toda la vida. Los efectos de las políticas federales repercuten acá con efectos multiplicadores por numerosas razones, nuestra débil economía y el carácter colonial de nuestra relación con Estados Unidos que no nos permite autogobernarnos en muchos aspectos.

Trump y Puerto Rico no cuajan desde hace mucho tiempo. Por lo tanto, podría concluirse que su presidencia seria, al menos, improductiva para nosotros. Pero antes de que ese momento llegue, ¿Qué hará el Partido Republicano local? ¿Levantará su voz ante los hispanos en Estados Unidos? Estos capítulos locales de los llamados partidos nacionales suelen ser inconsecuentes aquí y allá, pero este es el momento de que se hagan sentir sin que vengan a invocar que todo sería distinto con la estadidad. Precisamente Trump tampoco la quiere.

¿Qué creen?

Ricardo Rosselló parece haber gritado antenoche, finalmente, como Moncho, aquel personaje noventoso de “El Gangster”: ¡estoy vivo!

Por más que se repudie su acción, que se cuestione aun la capacidad o méritos que tenía para gobernar, que se recuerde el momento histórico que se vivió en el verano del ‘19 y que aún se reviva el famoso chat de Telegram cada vez que se menciona su nombre, la realidad es que -guste o no- Rosselló Nevárez sigue vivo políticamente, aunque quizás no por el momento para una contienda electoral.

En las pasadas 72 horas, el exgobernador hizo lo que le faltaba para dar ese grito final de vigencia política entre las huestes del PNP.

Primero, regresó sin esconderse a la isla y participó de eventos proselitistas. No solo eran públicas sus participaciones, sino a petición de aspirantes a puestos electivos para los próximos comicios. Acudió durante el fin de semana a la sede de la Asociación de Miembros de la Policía para apoyar a William Villafañe en su aspiración para la candidatura a Comisionado Residente y luego participó en Dorado de un evento del candidato a la alcaldía Erik Rolón. En ambos eventos fue recibido como líder.

Y el segundo evento que reafirmó a Rosselló como una figura vigente en el PNP fue la visita antenoche a La Fortaleza. Esa visita constituyó para él, a mi juicio, una reivindicación pues pisa por primera vez -que se sepa- el edificio del que tuvo que salir expulsado el 2 de agosto del 2019 en medio de una página bochornosa en nuestra historia.

El gobernador Pedro Pierluisi lo invitó a La Fortaleza en una movida puramente electoral luego que Rosselló le reiterara su endoso de cara a la primaria frente a Jenniffer González. Pierluisi, a todas luces, mueve sus fichas con un cuidadoso juego de pie. Por un lado, se junta en privado con Rosselló, apoya por lo bajo a Villafañe, y por el otro, su director de campaña (Edwin Mundo) respalda a Quiquito Meléndez, contrincante de Villafañe, en una estrategia evidentemente salomónica. Es claro que Pierluisi entiende que la figura de Rosselló le ayuda, aunque irónicamente se repudia dentro del PNP que figuras asociadas al ex gobernador, como Elías Sánchez, estén asociados a la Comisionada Residente.

De la reaparición de Ricky Rosselló en los pasados días surge que el exgobernador está vivo pues hay políticos que han medido la temperatura del agua y entienden que un apoyo del exgobernador les suma votos a sus candidaturas. Es decir que, dentro del PNP Rosselló tiene una fuerza considerable. Seguramente eso no se traduce a la periferia por lo que su figura no se ha rehabilitado lo suficiente como para exponerse al electorado en general. Si parará en algún momento, no sabemos. Este es un análisis frio, si nos simpatiza o no ese escenario, no es el asunto. Es lo que evidentemente estamos viendo en la calle.

¿Qué usted cree?

El Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) presentaron los candidatos que postularán a los cargos que resultan sobrantes en la papeleta nacional, tras la alianza estratégica que anunciaron de cara a las elecciones generales de noviembre. Se trata de candidatos que no serán promovidos para el cargo que se postulan, pues cada uno de esos partidos respaldará al candidato del partido aliado. Es decir, Juan Dalmau del PIP apoyará a Ana Irma Rivera Lassen del MVC, y Javier Córdova del MVC a Juan Dalmau del PIP.

Se trata de un momento histórico en la política electoral de Puerto Rico. Pero también un momento de retos para ambos partidos pues se juegan su futuro y pertinencia ante la sociedad boricua. A mi juicio, el PIP tiene mucho más que ganar o perder con esta alianza, siendo la colectividad más antigua. En el caso del MVC, la atención estará centrada en Manuel Natal como candidato a la alcaldía de San Juan y esta vez tendrá que rodearse de un equipo electoral mucho más sagaz para darle la guerra al ahora incumbente Miguel Romero.

Sobre los candidatos anunciados ayer, muchos los consideran de agua, otros como parte de una burla al proceso electoral, y entre los simpatizantes a la alianza, como personas que se sacrifican para que el PIP y MVC logren el poder político.

Mas allá de esas percepciones divididas por los bandos ideológicos y los retos que tienen ambos grupos de cara al futuro post noviembre, la alianza debe estar en un proceso continuo de análisis sobre cómo pudieran ser exitosos en sus objetivos inmediatos. El tema de cómo manejarán el asunto del estatus y los adeptos independentistas de la mayoría de sus aspirantes será uno de los retos más importantes que enfrentarán en las próximas semanas y meses si quieren abrazar un grupo enorme de electores. Cómo se proyectarán ante los otros partidos es otro reto. Creo que llevan demasiado tiempo insistiendo que son la antítesis al bipartidismo y ello le pudiera ser contraproducente, pues no han hecho una transición efectiva a las ideas o propuestas que le conviertan ante el electorado en una alternativa radical a lo existente, más allá de ser caras distintas. A nivel de imagen publicitaria creo que deben dejar de proyectarse como una “esperanza” y presentarse ante la gente como una “realidad”. La palabra esperanza los hace lucir como una utopía, un romanticismo, que no es posible. En vez de estar en una eterna quejadera de que no los suben al ring de los pesos pesados, deben subirse y proyectarse como tal. Los medios tenemos ese reto de igual manera.

Los periodistas tenemos que cuestionarlos a todos por igual. A rojos, azules, aliados, dignos, independientes y todo el que surja con la misma precisión, dureza y seriedad que amerita el momento. Ni a unos más duro porque son el grupo de poder y a los otros más suave porque son los simpáticos, o viceversa. A todos por igual. De la misma forma, esas tarjetas de los periodistas, es decir los políticos, candidatos, tienen que dejar a un lado las sensibilidades extremas y enfrentar los cuestionamientos como gente grande. Contestar lo que se les pregunta sin ambigüedades ni retórica trasnochada. Esa cosa de los políticos de enfrentar una entrevista dura y después irse a las redes para llorar ante quienes les aplauden como focas para quejarse de los periodistas, como hacen los niños en la escuela, es patético.

Llegó el 2024 y con este año el momento para que quienes aspiran a puestos electivos, de todos los partidos, demuestren si son de agua o quieren honestamente sacrificarse por un mejor país. Lo demás es politiquería.

Se acaba el 2023 y llega el momento de repasar los eventos que nos ocuparon este año. Al mismo tiempo, teniendo como base el año que concluye, hablar de las expectativas y de aquellas figuras que probablemente se destacarán en el 2024 en el mundo político electoral.

Creo que hay dos figuras que acapararon la atención en el 2023 y de seguro serán protagónicos en el 2024, sin que esto suponga que crea que tendrán éxito electoral: Jenniffer González y Pablo José Hernández Rivera.

Tanto González como Hernández dominaron la discusión pública, mantuvieron un suspenso político de sus respectivas candidaturas que les atrajo mucha atención y se posicionaron o consolidaron como líderes de sus respectivos partidos. Ambos tienen algo en común, hambre por ascender al poder y ocupar las más altas posiciones públicas. Creo que ambos darán mucho de que hablar en el próximo año electoral, ella porque dará una guerra por derrotar el “establishment” en su partido y él porque tendrá que recorrer con mucho cuidado un camino repleto de tentaciones que pudieran borrar del panorama su clara intención de posicionarse como el líder del PPD de cara al 2028.

Mi análisis es desde una perspectiva simple, el protagonismo que han tenido y creo que tendrán, dejando a un lado los méritos o deméritos de sus propuestas, ideas o sus posibilidades de triunfo.

El 2023 fue un año de mucho debate y poco avance en los problemas que enfrentamos en nuestro diario vivir. El 2024 tiene que ser de mucha discusión pero con el objetivo de que encaminemos las soluciones a los problemas colectivos de cara a nuestra cita en las urnas en noviembre. Si ello no ocurre la desesperanza nos terminará de matar como pueblo y seguiremos con los problemas que nunca acaban, el crimen y la pobreza.

Solo deseo que esta despedida de año sea un adios a los debates vanales e inconsecuentes en la discusión pública y que exijamos respuestas concretas a nuestros problemas. Que dejemos a un lado nuestra conformidad a los debates de siempre y ese deseo absurdo de tener todo nuevo aunque no sepamos cómo esos personajes de moda solucionarán los problemas.

Recibamos el 2024 con mucha ilusión de un mejor país para que tengamos una mayor capacidad para una convivencia sana, con un plan de progreso a largo plazo.

¡Feliz año 2024!

Es lo correcto decir que solo nos interesan las ideas, las propuestas y lo que tengan que decir los candidatos a puestos electivos sobre nuestros problemas cotidianos. Eso es lo políticamente correcto. Pero no nos llamemos a engaño. Todo lo que ocurra en torno a la vida personal de los aspirantes, sobre todos los de más alto rango como lo es un candidato o candidata a la gobernación, nos debe importar porque incide en su vida pública y en la forma en la que podrían enfrentar en lo sucesivo los temas de interés público.

Las cosas personales que nos ocurren a diario, a los “mortales”, particularmente las vinculadas a nuestros sentimientos más profundos, en ocasiones nos cambia la forma de ver los problemas y tiene impacto en nuestra vida laboral. Y eso no es distinto en la vida de los famosos, incluyendo los políticos, aun siendo estos eventos estratégicamente planificados. Por esto es importante, no tratar de lucir como los más puritanos exigiendo debates elevados dejando esos elementos a un lado y sí, estar pendiente a cómo estas cosas pueden cambiar las propuestas que hagan para atender nuestros problemas colectivos.

Dejando eso establecido, creo que entre Pedro Pierluisi y Jenniffer González se empató el juego para el 2024, pues ambos le han impartido el elemento del “reality show” a sus candidaturas. Por más genuino que sean las acciones personales de cada uno, sus estrategas buscarán sacarle chispa a esas circunstancias para hacerlos lucir más humanos y de vez en cuando distraer la discusión pública cuando se torne caliente o negativa hacia alguno de ellos.

Hagamos un poco de historia sobre circunstancias similares en nuestra política local. A finales de los ‘90, el entonces gobernador Pedro Rosselló anunció que padecía de cáncer, que fue atendido a tiempo, y ello coincidió con el huracán que le supuso a su administración la privatización de la entonces Puerto Rico Telephone Company. En la década siguiente, la administración de Sila Calderón fue matizada con varios eventos personales que le impartieron un aire novelesco a su gestión. Hubo un divorcio y luego un casamiento con su entonces ayudante en asuntos económicos. Durante la administración de Ricky Rosselló, su esposa Beatriz quedó embarazada de su segundo hijo. Y como estos ejemplos hay tantos otros. Algunos con impacto en la gestión pública, otro con ninguno.

Mas allá de estos eventos, que son algunos de los muchos más en nuestra historia política, hemos visto y seguiremos viendo a los aspirantes hacer sus anuncios acompañados de hijos, esposas, esposos, familiares y cualquier otro elemento personal que le imparta humanización al momento.

Lo importante de esto es, no ignorarlo, sino complementarlo con las cosas más importantes que son las ideas y propuestas para atender nuestros problemas. Hay que saber separar la paja del grano, sin menospreciar uno o el otro. De ese conjunto, tomar nuestras decisiones de quienes son las mejores personas para ocupar cargos electivos. Sí, personas, porque al final elegimos personas como usted y yo para ascender al poder que sienten y padecen, cada cual según sus circunstancias de vida. ¿Qué usted cree?

A menos de un año de las elecciones y en medio del proceso de radicación de candidaturas, en el tribunal federal ha comenzado otro juicio por corrupción gubernamental que promete ser uno de los más escandalosos en tiempos recientes. Aunque la exrepresentante María Milagros Charbonier del PNP no era una protagonista en la creación de políticas públicas desde la Asamblea Legislativa, sí era muy vocal por sus posturas ultraconservadoras e irónicamente “puritanas” que le convertían en un personaje taquillero en la discusión pública mientras le duró su presencia en la vida pública.

Ayer comenzó el desfile de prueba y ya los primeros testigos comenzaron a relatar sobre un alegado esquema en el que la exlegisladora le aumentaba los sueldos a sus ayudantes para que estos les devolvieran parte del dinero. La fiscalía adelantó, en la exposición inicial de su teoría ante el jurado, que la prueba demostrará que el dinero fue enterrado en un patio para ocultarlo de los federales en medio de la investigación. Por su parte, la defensa anticipó que presentarán una teoría que descartaría la connotación ilegal que el Gobierno le adjudica a tales acciones.

Sea cual sea el resultado de este caso, lo cierto es que estamos ante un juicio que contribuye grandemente a la imagen lacerada que enfrentan nuestros políticos y de cara a las elecciones afecta al PNP. Otros juicios en progreso, como los de los alcaldes de Ponce y Mayagüez, afectarán por su parte al PPD. Es decir, el gran perdedor de esto es el bipartidismo y el ganador es de quienes promueven su derrocamiento, la alianza encabezada por Juan Dalmau. Si eso se traducirá en las urnas, está por verse. La historia nos dice que ello no ha ocurrido en circunstancias parecidas o peores.

Lo que me preocupa de este caso y el esquema planteado es la recurrencia con la que ocurren los mismos actos de una manera burda. Reconociendo que a “Tata” Charbonier se le presume inocente hasta que el jurado determine lo contrario, el modus operandi de la corrupción alegada es el mismo de otros políticos que en las pasadas dos décadas han sido convictos.

El más notorio es el del fenecido ex presidente de la Cámara de Representantes Edison Misla Aldarondo a principios de la década del 2000. “Tata” Charbonier, por su edad, tiene que conocer muy bien ese caso. Misla fue acusado por los federales de lo mismo, inflar algunos salarios de sus ayudantes para que estos le devolvieran parte del dinero para su beneficio personal. En aquel caso los ayudantes iban al banco, cambiaban los cheques y le entregaban el dinero en efectivo. Aquí la alegación es que parte del dinero se transfería electrónicamente por ATH Móvil, cosa que, si es cierto como parte de un esquema ilegal, es una gran desfachatez por el poco o ningún temor a ser capturado. Eso solo se hace desde la prepotencia y una embriaguez de poder.

Como el caso de Misla hay tantos otros que ocurrieron antes y después. Entonces, ¿Por qué no se aprende la lección? El sistema está fallando en algún punto. De la misma forma que las sentencias a los asesinos y narcotraficantes no persuade a otros para dejar de delinquir, aquí vemos lo mismo, pero en la llamada corrupción de cuello blanco.

Ante esta falla evidente en el sistema (y no me refiero solo a tribunales, policías o departamentos de justicia estatal o federal), nos toca a los ciudadanos tomar el control del sistema. La próxima oportunidad que tenemos es en el proceso electoral. A mi juicio, no se trata de tumbar a un partido para subir al otro porque así hemos estado en Puerto Rico por los pasados setenta años. Se trata de, como dije en un escrito anterior, escoger a los candidatos que entendamos sean los más capacitados, que puedan ejecutar soluciones viables y reales ante nuestros problemas actuales.,

Mientras tanto, veamos cómo le va a “Tata” en los próximos días.