TT Ads

A menudo considerado un signo de falta de atención o descortesía, el movimiento inquieto (‘fidgeting’ en inglés) puede ser en realidad más beneficioso de lo que pensamos. Los movimientos aparentemente insignificantes que realizamos de forma inconsciente pueden jugar a nuestro favor.

“Con estos movimientos repetitivos intentamos autorregularnos. Por ejemplo, si nos sentimos incómodos, nos movemos nerviosamente para sobrellevarlo”, explica a Metro Margaret Wang, psicoterapeuta especializada en ansiedad y depresión y residente en San José (EE.UU.).

Y añade: “Los estudios han descubierto que el movimiento inquieto contribuye a reducir la ansiedad social percibida. Las personas que sufren ansiedad social tienden a mostrar signos externos de incomodidad. Cuando se mueven nerviosamente, enmascaran algunos de estos signos externos. Es un mecanismo para hacer frente al estrés y la ansiedad”.

Pero ésta no es la única razón por la que inquietarse puede ser bueno. Según Bayu Prihandito, experto en psicología de Life Architekture, estos movimientos aparentemente insignificantes también pueden contribuir a liberar el exceso de energía, ayudando a equilibrar tanto el peso como la tasa metabólica.

“Las personas inquietas suelen tener un equilibrio más dinámico y energético. Además, movimientos como dar golpecitos con los pies pueden mejorar la circulación sanguínea, mejorar la salud arterial y mitigar los riesgos asociados a permanecer sentado durante mucho tiempo”, afirma. “Según mi experiencia, las personas que se mueven con naturalidad suelen mostrar más vitalidad, energía y capacidad de recuperación”.

Prihandito concluyó: “En entornos sociales y profesionales, el movimiento inquieto puede percibirse a veces como un signo de intranquilidad, impaciencia o falta de atención, lo que puede afectar a la imagen y la dinámica interpersonal. Además, la inquietud excesiva puede convertirse en un hábito de distracción. La clave está en encontrar lo que mejor funciona para ti, haciendo que tus acciones sean más conscientes”.

Metro habló con Cecilia Castellanos Vázquez, psicóloga clínica sistémica radicada en la Ciudad de México, para saber más.

ENTREVISTA

Cecilia Castellanos Vázquez, psicóloga clínica sistémica residente en Ciudad de México

P: ¿A qué se debe la tendencia natural del ser humano a realizar movimientos pequeños y repetitivos?

– Los mamíferos, incluidos los humanos, tienen una tendencia natural a realizar este tipo de movimientos. Pueden servir para varios propósitos, por ejemplo, regular la temperatura corporal, mantener el estado de alerta o liberar el exceso de energía. Muchas culturas humanas desaconsejan el movimiento inquieto en entornos sociales, ya que lo asocian con nerviosismo, falta de foco o falta de autocontrol. Sin embargo, estos movimientos repetitivos pueden ser una forma de liberar tensiones, emociones y energía psíquica acumuladas. A los niños, en particular, se les suele enseñar a quedarse quietos y prestar atención, lo que puede implicar la supresión de las tendencias naturales de su cuerpo a autorregularse.

P: ¿Cómo se relaciona la inclinación de nuestro cuerpo a inquietarse con aspectos más amplios de la salud física?

– Algunos estudios han demostrado que los pequeños movimientos que hacemos a lo largo del día pueden sumar. Estas pequeñas acciones pueden afectar a la cantidad total de calorías que quemamos. Así pues, hasta los movimientos más pequeños son importantes para equilibrar la energía que ingerimos con los alimentos y la que consumimos. Esto puede influir en el control del peso y la salud metabólica. Otro estudio demostró que el movimiento inquieto puede afectar al ritmo cardíaco y a la salud cardiovascular en general. Esto es especialmente relevante para las personas que tienen un estilo de vida sedentario.

P: ¿Y la salud mental?

– Está demostrado que los pequeños movimientos repetitivos pueden ayudar a reducir el estrés y la tensión. Cuando las personas experimentan estrés, ansiedad o inquietud, su cuerpo suele responder con un aumento de la tensión muscular y la energía nerviosa. Juguetear les permite liberar esta tensión de forma controlada y no disruptiva. Los movimientos repetitivos pueden ser una válvula de escape física para el estrés emocional. En lugar de reprimir el estrés, el movimiento inquieto permite expresar y liberar parte de esa tensión.

P: ¿Cuáles son las desventajas del movimiento inquieto?

– Aunque el movimiento inquieto puede ser beneficioso para algunas personas porque mejora la concentración o alivia el estrés, también puede afectar a nuestras relaciones interpersonales. Cuando se vuelve excesivo o perturbador, puede molestar y distraer a quienes nos rodean. Esto es especialmente importante porque nuestra salud y bienestar están intrínsecamente ligados a nuestras relaciones con los demás. Las interacciones sociales y la calidad de nuestras relaciones pueden influir en nuestra salud mental y emocional. En este sentido, es fundamental ser conscientes de cómo nuestro comportamiento, incluido el movimiento inquieto, puede afectar a nuestras relaciones con la familia, los amigos, los compañeros de trabajo y otros seres queridos.

P: ¿Se normalizará el movimiento inquieto?

– Cada día entendemos mejor las necesidades de nuestro cuerpo. Un claro ejemplo es la creciente presencia de escritorios ajustables que permiten estar de pie o sentado y cintas de correr con escritorios incorporados que permiten caminar y trabajar simultáneamente. Preveo un futuro en el que el diseño ergonómico, tanto en las escuelas como en los entornos de trabajo, tendrá en cuenta la necesidad humana de movimiento. Se están desarrollando más técnicas de psicología corporal o terapia psicosomática que nos ayudan a comprender la inteligencia subyacente al cuerpo, especialmente en este tipo de movimientos que nos permiten procesar emociones, liberar energía y autorregular todo nuestro ser. La normalización del “fidgeting” dependerá de cómo abordemos y comprendamos las necesidades naturales de nuestro cuerpo, así como de la evolución de la educación, la ergonomía y la atención a la salud mental y física en el futuro.

El movimiento inquieto es eficaz cuando es específico de una tarea. Por ejemplo, garabatear mientras se escucha una conferencia o golpearse los dedos mientras se trabaja en una tarea informática… En estos casos, el ‘fidgeting’ puede aumentar la concentración

—  Cecilia Castellanos Vázquez, psicóloga clínica sistémica afincada en Ciudad de México

Inquietud y calidad de vida

Cecilia Castellanos Vázquez, psicóloga clínica sistémica afincada en Ciudad de México, explicó a Metro cómo los pequeños movimientos repetitivos están relacionados con nuestra calidad de vida.

» El movimiento inquieto, como una forma de actividad física sin ejercicio, puede contribuir a un estilo de vida más activo en general. La actividad física regular se asocia a una mejor salud cardiovascular, al control del peso y a un menor riesgo de enfermedades crónicas, lo que puede repercutir positivamente en la esperanza de vida.

La clave está en cómo percibimos la inquietud. Si lo entendemos como la forma que tiene nuestro cuerpo de comunicarnos la necesidad de liberar energía, podemos aprovecharlo para mejorar nuestra esperanza y calidad de vida. Sin embargo, si nos pasamos la vida asociando el movimiento inquieto con nerviosismo, baja autoestima o algo que no va bien con nosotros mismos, podemos desarrollar hábitos que lo supriman, perjudicando potencialmente nuestra salud.

Por ejemplo, el acto de fumar implica movimientos repetitivos de la mano a la boca y proporciona estimulación sensorial, que algunas personas encuentran calmante y utilizan para controlar su inquietud. Sin embargo, a largo plazo, estos hábitos pueden tener efectos perjudiciales para la salud.

Reconocer el movimiento inquieto como una respuesta natural y explorar formas más sanas de abordar sus causas subyacentes es vital para el bienestar general y una vida más sana y plena.”

TT Ads