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A medida que pasan los años es natural que nos empecemos a cuestionar cosas que en la juventud y mediana edad no son tomadas en cuenta.

Así surge un estado que el psicólogo canadiense Elliot Jaques bautizó en 1965 como la “crisis de la mediana edad” (“midlife crisis”), el momento en el que se toma conciencia de la propia mortalidad.

Bien cabe recordar que la palabra crisis tiene su origen en el término griego “krisis”, que significa separar, dividir o que se rompe o quiebra algo.

Por ello el concepto es adecuado para referirse a la asimilación de que se está transitando hacia el último tramo de la vida y que por ello la juventud ya es cosa del pasado.

El doctor Robert Valiente, psiquiatra de la Clínica Las Condes, sostiene que esta crisis “es probablemente la más compleja de todas las que se pueden presentar. Se da entre los 40 y los 55 años en ambos sexos, y a diferencia de los cambios de la niñez y la adolescencia, ahora se presenta un campanazo de alerta sobre la proximidad del fin de la vida. En gran parte de los casos, quienes la sufren son profesionales, padres de familia o sujetos con una gran carga de responsabilidades”.

Quienes atraviesan por esta crisis suelen plantearse la pregunta “¿Qué hacer ahora?”.

A ello se suman muchos cuestionamientos, como si se ha vivido como se debe, si lo que se ha hecho valió la pena, cuántas experiencias valiosas se han experimentado y, sobre todo, si se ha alcanzado el potencial y los desarrollos fijados como metas.

De esto surge incertidumbre y falta de claridad sobre cómo afrontar estos cuestionamientos, lo que puede derivar en miedo y angustia. Por eso hay que estar alertas a las señales que podrían ser indicadoras de un trastorno del ánimo que requiera de apoyo profesional.

La crisis en los hombres

Hay ciertos rasgos característicos del género masculino que evidencian el “midlife crisis” como cambiar de actividades laborales, contraer relaciones extramaritales o románticas paralelas a la sostenida con la pareja actual, entablar un vínculo más cercano con los hijos (o hermanos menores y\o sobrinos) y hasta un total cambio de proyecto de vida por uno contrario al que se dirigía.

“La necesidad de sentir la emoción de la vida antes de que se les esfume, los empuja a tomar estas y otras decisiones con respecto a sus comportamientos y prácticas previas. Esto se hace debido a que se siente la necesidad de aprovechar el tiempo para hacer todo lo no realizado hasta entonces, porque se ha dedicado el tiempo a otros intereses”, explica el doctor Valiente.

La crisis en la mujeres

La gran cercanía del ”midlife crisis” con la menopausia suele vincularse como gatillante en el caso del género femenino. Sin embargo, el climaterio no necesariamente está relacionado con la sensación de crisis producto de la mediana edad.

Según el psiquiatra de la Clínica Las Condes, más bien tiene que ver con “asimilar el final de la etapa reproductiva, profesional y hasta sentimental para las mujeres. Esto genera varias consecuencias biológicas en términos de dejar de sentirse útiles o plenas, más si son madres que están pasando por el periodo en el que los hijos se independizan y se casan”.

“Incluso hay casos en los que se produce una ruptura de una relación sentimental (marital o no). La presión que sienten en términos intrapersonales puede llegar a ser agobientae y llegar a extremos nocivos, como celos o rencor hacia la pareja o las parejas de los hijos”, cierra el especialista.

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